Para comenzar, ¿han escuchado hablar de la isla de Seychelles?
Es una isla de unos 445 km², conformada por 115 islas, al este de África, y ahora también es el hogar de casi 183.000 tortugas gigantes en libertad.
Estamos hablando de que hay más tortugas que habitantes...se estima que en el archipiélago viven unas 135.000 personas.
Ahora, no son cualquier tipo de tortugas, son las tortugas gigantes de Aldabra, una especie que puede superar los 200 kilos y vivir más de un siglo.
En el mundo solo hay dos lugares en los que viven estas especies: en el atolón de Aldabra (obviamente dentro del archipiélago de Seychelles) y en el archipiélago de Galápagos, en Ecuador.
Crédito: Dennis Hansen/SWNS
Entonces, encontrar una población tan grande, viviendo bien y en libertad, es un milagro, considerando que es una especie que estuvo al borde de desaparecer.
En algún punto del siglo XIX, se estimaba que quedaban como mucho unos 1.000 ejemplares y no fue hasta 1981, que el atolón fue declarado reserva natural estricta y, un año después, Patrimonio Mundial de la UNESCO, que la especie comenzó a recuperarse.
Ahora la tarea es seguir preservándolas y ver cómo se hace para mantener las condiciones que permitan su supervivencia a largo plazo.
Salvatandas
Y ya que hablamos de tortugas, hay una muy especial que podría venir a resolver una de las grandes dudas de la humanidad: ¿por qué algunos organismos envejecen más lento que otros?
Vamos lento.
Jonathan es una tortuga gigante de Aldabra (de las que venimos hablando), que se cree nació en 1832; básicamente, es contemporáneo de Charles Darwin.
Eso quiere decir que tiene unos 194 años, más o menos…
La mayor parte de su vida la vivió en la isla de Santa Elena, viniendo de las Seychelles como un regalo para el gobernador del momento.
Y ahí ha vivido en paz y tranquilidad por casi 200 años, convirtiéndose en el animal terrestre vivo más longevo del que se tiene registro.
Crédito: St. Helena
Ahora, se está usando su información genética para intentar determinar por qué es que una especie como Jonathan ha vivido tanto.
¡Y lo que encontraron es increíble!
Resulta que hay 287 variantes genéticas particulares dentro de Jonathan, como por ejemplo la reparación del ADN, la regulación de la insulina, el control de la inflamación y la supresión de tumores.
Todas estas funciones son sumamente importantes, porque con el tiempo las células se dañan y eso es lo que hace que los organismos nos enfermemos.
Entonces, de alguna manera, Jonathan se está “curando” desde adentro, lo que hace que viva por más tiempo.
Y también encontraron que algunos de los mecanismos que regulan genes relacionados con la reparación del ADN y el metabolismo se han mantenido notablemente estables, a pesar de que tiene casi dos siglos de vida.
Ahora, evidentemente, eso no quiere decir que hayamos encontrado la fórmula para vivir 200 años, más que nada porque la longevidad puede depender de factores genéticos, fisiológicos y ambientales.
Peeeero, nos da una idea más o menos clara de por dónde va el asunto.
Larga vida gatuna
Para cerrar, ¿qué estarían dispuestos a dar a cambio de que sus gatos vivan más?
Resulta que en Japón, un grupo de investigadores desarrolló un tratamiento experimental que podría ayudar a prolongar la vida de los gatos con enfermedades renales crónicas, que, dicho sea de paso, es la afección más común de los gatos más viejitos.
En pocas palabras, lo que este medicamento hace es que intenta corregir un problema biológico que tienen los riñones de los gatos para poder eliminar los desechos del organismo.
Les explico.
Crédito: GETTY IMAGES
Conforme los gatos van envejeciendo, sus células renales se dañan y mueren, y todos estos restos pueden acumularse dentro de los túbulos renales, que son los conductos por donde circula el líquido que se convierte en orina.
Si estos conductos se obstruyen, el daño puede empeorar, la función renal se pierde, los gatos se enferman y mueren.
Entonces lo que esta medicina intenta hacer es facilitar la eliminación de los residuos que se acumulan en los riñones y frenar el deterioro.
¿Por qué digo que “intenta”? Porque en realidad no es efectivo al 100%.
De una muestra de 216 gatos con problemas renales crónicos, solo 26 tenían las condiciones necesarias para recibir el tratamiento.
De esos 26, entre el 80 y el 83% de los que recibieron el tratamiento sobrevivieron por más de 360 días, mientras que los que no, solo el 20% sobrevivió, con un promedio de 167 días.
Y si bien llevan años de investigación y pruebas, hasta abril de este año pudieron presentar una solicitud de aprobación ante las autoridades japonesas para que, en caso de aprobar el proceso regulatorio, lleguen a veterinarias.
Pero, de nuevo, para eso faltan muchos más estudios, análisis y demás, pero es un tratamiento muy prometedor.