Para comenzar, creo que para nadie es un secreto que la ONU no es un santo de mi devoción, pero eso no quiere decir que le desee el mal y, justamente en este momento, están pasando por una situación muy sensible.
Resulta que, según dio a conocer el secretario general, António Guterres, la ONU se encamina a una “crisis financiera inminente” este 2026 y, si no hacen algo, podría desaparecer.
¿Qué fue lo que pasó? Que los países no están pagando lo que deben.
Como contexto, cada uno de los 193 países que componen la ONU tiene que pagar una cuota anual.
Crédito: ONU
Esa cuota no es fija para todos los países, sino que depende de la capacidad de cada uno. Obviamente, Estados Unidos, por ejemplo, factura más que Costa Rica, entonces sería injusto cobrarles lo mismo.
Por esa razón, se aplica una fórmula que incluye aspectos como el ingreso nacional bruto (PIB) de cada país, el tamaño de su economía y su población, su deuda externa y otros factores económicos, para determinar de cuánto es esa cuota.
La idea es que los países más ricos paguen la mayor parte del presupuesto, y los más pobres las partes más pequeñas.
Veámoslo con un ejemplo. En el caso de Estados Unidos, ellos aportan cerca del 22% del presupuesto de la ONU; para el 2025 fueron unos $820 millones.
China contribuye con otro 20%. Japón, el 7%; Alemania, el 5%; y así hasta llegar a los países más pequeños, que muchos aportan menos del 1%.
Lo que está sucediendo es que muchos países, en especial los más grandes, están atrasados con sus cuotas o han reducido la cantidad de dinero que aportan.
Esto le ha generado a la ONU un déficit de aproximadamente $1.57 mil millones, obligándolos a tener que usar dinero de sus reservas de emergencias. El problema es que ese dinero no es infinito y se está gastando… y rápido.
Crédito: ONU
Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿en qué usar la ONU su presupuesto? La mayor parte del dinero va para pagar salarios, financiar misiones de paz y coordinar programas humanitarios.
Entonces, según el secretario general, si se suman las cuotas atrasadas a la inflación, los desplazamientos masivos, crisis humanitarias, pandemias, cambio climático y otro montón de necesidades globales que estamos viviendo, el dinero no da abasto.
Ahora, ¿qué significa un “colapso financiero” de la ONU?
Suena a palabras mayores, pero no quiere decir que la ONU va a cerrar de la noche a la mañana, sino que no van a poder operar al 100% y de “manera efectiva”, según dijo Guterres.
Eso quiere decir que van a tener que hacer recortes o detener programas humanitarios, reducir programas de salud, educación o alimento en países vulnerables, dejar de dar apoyo para combatir pandemias o el cambio climático, debilitar misiones de seguridad en zonas de guerra y demás.
Efecto contrario
En otros temas, a veces cuando intentamos hacer el bien, terminamos haciendo el mal.
Creo que todos sabemos que la Gran Barrera de Coral, el hogar de miles de millones de especies marinas, está en riesgo por el calentamiento global y el blanqueamiento.
Si no están al tanto, el blanqueamiento se da cuando la temperatura del mar aumenta, estresando a los corales y llevándolos al límite, lo que los obliga a expulsar las algas que le dan su característico color y alimento, en un intento desesperado por regular su temperatura.
Crédito: Reuters
Ahí es donde los calores agarran ese color blanco. El problema es que, si el calor dura demasiado, el coral muere.
Bueno, resulta que en un intento por detener la contaminación del aire, desde el 2020, se han girado leyes para que los barcos usen combustibles con mucho menos azufre.
Y aunque ha tenido un efecto fenomenal para nosotros los humanos, según un estudio de la Universidad de Melbourne, el efecto ha sido todo lo contrario en los corales.
En ese intento por mejorar la calidad del aire, los resultados han sido tan buenos que, con menos azufre en el aire, entra más luz solar directa al océano, lo que aumenta el blanqueamiento de los corales.
Resulta que así como el azufre dañaba el aire, también generaba una especie de “pantalla” en la atmósfera, reflejando parte de la luz solar. Y ahora que hay menos, hay zonas en las que se han registrado aumentos de hasta el 10% en la radiación solar.
Así que fue una por otra y quedó en evidencia que cuando el planeta ya llegó a su límite, cualquier cambio puede tener efectos inesperados.
Lo más bajo de la humanidad
Y para cerrar, quería hacerlo con un tema que desde hace un tiempo quería contarles y es un reflejo de cómo la codicia humana puede llevarnos a hacer cosas inhumanas.
Resulta que, entre 1992 y 1996, con la desintegración de Yugoslavia, Bosnia entró en guerra con Herzegovina por una serie de diferencias políticas, religiosas, sociales y más que no voy a ahondar.
Crédito: Michael Stravato/AP
Durante la guerra de Bosnia, se dio el asedio de Sarajevo, el más largo en la historia moderna y una de las campañas más letales contra civiles en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Se estima que más de 12.000 personas fueron asesinadas por francotiradores, artillería y morteros, que no daban un segundo de descanso a los ciudadanos.
Resulta que dentro de todo ese caos, se estaba dando una situación que marca lo más bajo de la humanidad: “el turismo de francotiradores”.
Personas estaban pagando para entrar a Sarajevo y ser ellos los que mataban a los civiles.
Hoy, 30 años después, Italia abrió una investigación para llevar a estas personas ante la ley y ya abrieron un proceso contra un hombre, de ahora 80 años, por pagar a francotiradores para disparar a civiles.
Lo cual, creo que no queda más que decir, en caso de comprobarse, no es un delito menor; podría clasificarse como crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
De hecho, los tribunales internacionales que juzgaron la guerra de Bosnia, incluido el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia en La Haya, condenaron a varios francotiradores por disparar contra civiles, por lo que existe precedente.